Los habiles comerciantes fenicios guardaban procelosamente sus secretos comerciales a fin de proteger sus rutas y monopolios sobre ciertos productos. Además de conseguir raras y apreciadas mercancias, mediante un toque de marketing sabían como darles ese halo misterioso y fantástico que tanto buscan lograr muchos de los publicistas actuales, ni que decir tiene que la propagación de los terribles peligros que tenía que afrontar quien quisiera hacerse con esos productos ahuyentaba a posibles competidores.