No quisiera parecer un aguafiestas pero la merienda de Washington ha sido un fracaso tal y como era de esperar. Una reunión sin sentido que respondía a la voluntad de engañar al respetable de un modo grandilocuente y efectista. Una cumbre para demostrar que una hipotética agencia internacional de supervisión financiera es la respuesta a nuestros pecados. Los presidentes y ministros de los 23 países que han ido a la cosa esa del G20 han pasado un buen fin de semana a costa de nuestra despreocupación e ignorancia.

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