El tiempo corre en contra de General Motors y la llamada de auxilio que ha hecho su presidente, William Ackman, poco ha importando a la administración Bush. Ayer, el secretario del Tesoro Henry Paulson aseguró que el plan de rescate no se iba a extender a la industria automovilística, como se había apuntado desde distintos sectores tras la reunión que mantuvieron George Bush y Barack Obama en la Casa Blanca y donde se aseguró que se iban a acelerar las ayudas a los fabricantes de coches.