....La moraleja de esta historia es saber que no nos podemos arrogar el derecho de querer ‘manejar’ o ‘gestionar’ el talento, el conocimiento, la cultura, la satisfacción o ningún otro intangible que sobrevuele la empresa. Que ellos no son sustantivos organizacionales sino adverbios personales, que modifican la capacidad de las personas de dar respuesta a un contexto y a una relación, para generar así un resultado.

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