. El problema es que hace veinte años todos los detergentes que se anunciaban en la televisión ya se presentaban como cuasiperfectos y en un producto al que se le presupone una calidad tan abundante debe de quedar muy poco margen para la mejora, llegando a ser incluso irrepetible, cual un Stradivarius. En cambio los detergentes no han parado de mejorar. El asunto toma ya tintes absolutamente cómicos cuando se intenta comparar el producto publicitado con otro detergente no identificado. Los rivales a batir siempre son de muy escasa calidad y tr

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