La crisis de las hipotecas de alto riesgo desatada el pasado verano en EEUU ha hecho mella en los bolsillos de muchos estadounidenses en un país que vive a crédito. La refinanciación y la búsqueda de otros prestamistas es la fórmula más frecuente para hacer frente a las letras de la casa. Sin embargo, algunos han optado por una solución más tajante para librarse de las asfixiantes deudas: quemar su casa, cobrar el seguro y pagar al banco, pero en la mayoría de los casos la medida les sale cara.